Lo confieso: “hemos pecado”.

Esta es la primera caja de bombones de Licor Café MEIDINGALICIA, queríamos compartirla con vosotros, con todos los que lleváis siguiendo nuestro proyecto y con todos aquello que espero se sumen a él.

En su interior hemos introducido algo muy especial, un regalo que seguro que le va a gustar a aquél que tenga la suerte de comprar esta caja, no digo más, sólo esperamos que al que le toque comparta el premio en sus Redes Sociales.

Este es el primer producto de una larga lista que os iremos presentando en los próximos días; pero como dice una de las leyes inmutables del marketing: “es mejor ser el primero que ser el mejor”, más aún si la forma de concebirlo encierra una historia tan curiosa y bonita como la de estos bombones.

Gracias a todos los que compartís nuestras locuras y pecados, sin vosotros nada tendría sentido.

Endulcemos los recuerdos.

Uno de nuestros objetivos cuando creamos Meidingalicia era promocionar y defender la cultura Galega; queríamos hacerlo a través de historias, opiniones y experiencias. Aportar una visión crítica a todo lo que se nos planteaba en nuestro día a día, pero también hablar de las bondades y excelencias de los productos y las personas de esta tierra.  En definitiva demostrar nuestro compromiso e implicación con Galicia, devolverle una parte de lo que nos ha dado.

El marketing actual está enfocado a la generación de contenidos, a la difusión de experiencias y a la prescripción a través de las Redes Sociales por medio de los llamados influencers. Mentiríamos si dijésemos que no pretendemos influir en nadie, mentiríamos si dijésemos que no queremos generar contenidos a través de nuestras historias, mentiríamos si os dijésemos que no queremos prescribir productos y lugares… Pero no os mentimos cuando os decimos que no aspiramos a ser influencer, más que nada porque no me sentiría cómodo prescribiendo a cambio de algo. Decidimos crear contenidos gratis, estamos abiertos a hablar de cualquier cosa que nos guste, que nos ponga y que nos motive sin ningún criterio más que el ocio y la diversión.

Pero todos los proyectos evolucionan y avanzan, te encuentras en tu camino con personas que te sugieren cosas, detectas necesidades y nichos de mercado que se podrían cubrir, entonces es cuando descubres que para promocionar la tierra hay que hacer algo más que juntar letras y enredar en las Redes Sociales.

Fue un tuit de @chamademesimbad (Francisco Castro) el que me hizo reaccionar y por una vez en mi vida tener ganas de aventurarme a crear algo propio y no para otros. Tenía una marca registrada, un neologismo creado a partir de la pronunciación anglosajona del “Feito en Galicia” y me dije: “¿Por qué no hacemos una selección de productos de pequeños productores y artesanos galegos, los promocionamos y los intentamos vender a través de internet?” Eso es defender nuestra tierra también, nuestra marca.

Así, hoy tengo el honor de presentaros a tres nuevos miembros de la familia MEIDIN: el bombón de licor café, el bombón de albariño y el bombón de mora. Tres sabores que marcan momentos de mi vida: la niñez recolectora de moras por los “montes”, la juventud de estudiante Compostelano que se pierde en el Fanco bebiendo vinos, la madurez en las sobremesas con licor café y los amigos en noches eternas perpetradas en tascas, furanchos y “muiños”.

Estos productos son elaborados en Galicia, desde la recepción del cacao, todo el proceso se hace de manera artesanal, respetando las tradiciones chocolateras con más de 100 años de historia. El resultado es una mezcla de sabores tradicionales, hechos manualmente, pero también son el fruto de la vanguardia y la dirección innovadora de nuestra gastronomía.

Los tres bombones se dehacen en la boca, liberando un sabor primario en el paladar, dejando notas y recuerdos  de las materias primas empleadas (licor café, albariño y mora), con un retrogusto persistente que desemboca en un retronasal que desvela la esencia de lo que se pretende: despertar recuerdos en la memoria gustativa, eso es lo que nos provoca a nosotros cada bocado, cada pecado.

Próximamente os iremos contando más novedades que podrás encontrar en LA TIENDA|MEIDINGALICIA.

Pan si, pero Pan Galego.

Hoy en el “Día Mundial del Pan” quiero rendirle un pequeño homenaje al de nuestra tierra. He degustado muchos y muy diferentes panes a lo largo de mi vida, de mis viajes; algunas veces con el simple objetivo de saciar mi curiosidad, pero siempe con el pecado de comparar éstos con los sabores que un servidor tiene impresos en sus papilas gustativas desde niño.

No voy a descubrirle a nadie la fama que el Pan Galego, ahora convertido en Denominación Geográfica Protegida, tiene en todo el mundo, eso es un hecho objetivo. La calidad de nuestro pan se debe a muchos factores, entre ellos quiero destacar algunos que hacen que podamos decir que posiblemente tengamos el mejor del mundo.

Como ya había apuntado en otro post en Galicia desde  la antigüedad hemos aporvechado la energía de los ríos, del viento y  las mareas para crear una microindustria de la molienda. “Os muiños” forman parte del patrimonio industrial, cultural, etnógráfico y paisajístico; ellos hicieron posible desarrollar en gran medida la industria del pan en nuestra tierra. Las “fariñas” molidas en piedra tienen mayor sabor, el Muiño de Cuíña en Lalín es un lugar donde puedes encontrar  estas harinas.

ria barosa
Muiños de Ría Barosa en Barro

La variedad de los cereales cultivados en Galicia también contribuye a la calidad de nuestros panes. El uso de “fariñas” de cereales atóctonos (el trigo, el centeno y el maíz) es un elemento fundamental: la materia prima. Llegando a identificarse hasta 83 variedades de trigo y 53 de centeno autóctonos recogidos en 44 Concellos Galegos.

Esta “fariña galega” resultante, principalmente de trigo y centeno, son harinas de gran fuerza, mediente amasados y fermentaciones de larga duración  se crean masas lentas de alta calidad (masas madre natural).

La humedad en el ambiente y la alta hidratación, al añadirse mucha agua durante el amasado (cerca del 85%), le dan a la miga una ligereza y esponjosidad agradable (alveolado pronunciado e irregular) a la vista y al gusto, texturas diferenciadoras de otros panes no propios del noroeste.

La tradición panera en Galicia responde a los gustos de la población, aquí nos gusta el pan más hecho que en otras zonas como Castilla o Levante, por ello nuestras cortezas (codias), como las de Zamora, son más tostadas, gozan de un sabor más potente y consistente.

Son su profundo sabor y  el punto de acidez en boca, acompañado de un intenso aroma, los que encumbran al pan Galego en la Champions League de los panes.

El pan es un elemento clave en la gastronomía gallega tanto en la tradicional, de acompañamiento para guisos y salsas,  como en la nueva cocina que ha recuperado variedades y calidades para elaborar espectaculares cestas que maridan en sus complejos menús degustación. En las fiestas populares, esas de feria y campo, el pan sustituía al plato para que los romeros pudiesen comer: sardinas, pulpo y hasta churrasco. Incluso en la gastronomía funeraria juega un papel protagonista, ya que como sabéis, era típico en muchos pueblos de Galicia rendir homenaje a los muertos con una cuchipanda “post mortem” donde entre las muchas viandas no podía faltar el pan, llegando incluso a abrir las panaderías especialmente para este fin en su día de descanso.

De las diferentes presentaciones de pan que hay la Denominación Geográfica recoge cuatro tipos: la hogaza (bolo), la torta (bola), la barra y la rosca (en forma de aro). Existen otras presetaciones mantenidas desde tiempos remotos por los panaderos de los diferentes pueblos, villas y ciudades de Galicia, pero permitidme que no me detenga en ellas; lo que si quiero es hacer un pequeño recordatorio a aquellos lugares donde, a lo largo de mi vida gastronómica, tuve la oportunidad de probar sus panes, unas veces con peces, otras con carne, pero siempre con vino.

“Bola do Porriño”: hogaza de corteza rasgada suavemente con harina espolvoreada, miga esponjosa y color oscuro.

“Bola de Santiago”: tortas de trigo centeno de color oscuro y con harina espolvoreada por su corteza rugosa.

“Mollete de Santiago”:  hogaza de corteza abombada, crujiente, dulce con un moño muy pronunciado, su miga oscura y esponjosa denota toques de acidez.

“Moña do Barco”: hogaza de corteza abombada y crujiente coronada por un moño, de miga esponjosa y oscura.

“Pan de Cea”: tanto si es en “poia” o en “mollete” es un pan indescriptible por si solo, lo conocerás por su corte característico en el centro de la corteza, el mejor acompañamiento posible para el pulpo.

“Pan de Carral”: con forma de moño, es uno de los más conocidos de Galicia más allá del “telón del grelo”, 20 panaderías mantienen vivo el proceso tradicional de su elaboración, os recomiendo ir a su fiesta en el mes de Mayo.

“Pan de Carballo”: elaborado con harinas de la zona, molidas en molinos de piedra situados en el curso del río Anllóns, presenta diferentes formas (a mí me gusta en barra), su fiesta homenaje es en Julio.

“Pan de Neda”: desde la edad media se elabora este manjar, que tiene un intenso sabor, se puede comer recién salido del horno o dejarlo madurar un día para que su miga coja consistencia.

“A Broa da Miña Avóa”: hecha fundamentalmente con harina de maíz, acompañada de centeno y trigo en perfecta aleación; cocida en el viejo horno que se trasladó desde la casa original, coción lenta a leña. Corteza dura y aromática, miga compacta pero fácil de deshacer, aroma a infancia. Con huevos fritos esmagado es un manjar.

Pan de Cea (2)
Pan de Cea

El pan es más que un arte, algo más que tradición, es una religión en nuestra tierra. No es casualidad que tengamos el honor de tener el primer pan con Denominación Geográfica Protegida: el Pan de Cea. En las manos de los maestros panaderos que transmiten su saber de generación en generación, entre las paredes de los obradores, reside la magia y la fuerza para continuar con este gran trabajo diario que permite que nuestros platos nunca se queden huérfanos.

El olor a pan ha dejado impresiones imborrables en mi memoria; cada vez que huelo pan de maíz me ataca el recuerdo de aquellas noches de San Xoan, alrededor de una “fogueira-charela”, mi abuelo tocando la gaita, con la parrilla bien surtida de las sardinas que mojaban el “pan de millo” de mi abuela.

 

El Arroz del Marqués

En Galicia es muy típico poner sobrenombres a las personas, a lo largo de mi vida me han puesto unos cuantos, pero ninguno tan extraño como el que un día me puso un conocido hostelero vigués. Cuando visitaba su restaurante para comerme un buen arroz de mariscos, al llegar la sobremesa siempre me decía: “tú nunca te manchas las manos”; a lo que yo respondía: “es que no te quiero gastarte las toallitas para el marisco”. Se reía intrigado, como queriendo decir más pero al final se contenía hasta el fatídico día en el que volví a su local y pedí un arroz de mariscos. Mi sorpresa llegó cuando me trajo a la mesa el arroz con todo el marisco pelado, atónito y sin poder demostrar mi destreza con el cuchillo y tenedor como de costumbre le dije: “te pedí un arroz de marisco, no un arroz del señoret” a lo que el me respondió “sepa usted que este no es el arroz del señoret sino del marqués”. Me mató. Y desde entonces me llama marquesito.

La receta de hoy es mi interpretación casera del arroz que en su día me dedicó mi amigo. Espero que os guste.

ArrozP1

Arroz P2

Donde pone reposar 15 minutos son 5….