Camiño Portugués pola Costa. La previa: Oia.

Santiago tiene un significado muy especial en mi vida, podría decir que me cambió por completo, que me hizo crecer… fui muy feliz allí.

Teniendo claro que el punto y final de la peregrinación es siempre Compostela, faltaba por decidir que camino elegir y desde que punto iniciar nuestro recorrido. Como hombre de mar, amante de las Rías Baixas y experiementador constante me decanté por el “Camiño Portugués pola Costa”; su juventud y desconocimiento por mi parte suponían atractivos suficientes para embarcarme en la bella tarea de contarle al mundo la experiencia.

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Libro donde se recogen nuestras ponencias del Congreso

En Marzo del 2007 tuve la suerte de ser uno de los ponentes (por mi condición de experto en marketing turístico) de un Congreso que se celebró en Pontevedra sobre “O Camiño Portugués”, titulado “O Camiño de Santiago para o século XXI. O Camiño Portugués”, donde hicimos  hincapié en las líneas de mejora que deberían de asumir las diferentes administraciones para potenciar este camino frente a otros; entre ellas, algunos ya resaltábamos la importancia y necesidad de tener un camino pegado a la línea de costa, con paso estratetégico por Vigo (la ciudad más grande de Galicia) y resaltábamos: la carencia de infraestructuras, el déficit de señalización y dotación de recursos tecnológicos para su difusión. Así como, también la implicación y complementación con otros tipos de turismo (rural, termal…). Porque en el fondo el Camino es también un foco de atracción que tiene que servir para seducir a los peregrinos con el objetivo de que éstos repitan y se conviertan en turistas fieles de nuestra Galicia.

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Entrada del Camiño Portugués en Oia

De ahí que una vez creado éste me decidiese por hacer esta valoración y divulgación del mismo.

El lugar de partida era otro de los dilemas que se me planteaban, si el Camiño Portugués original tiene a Tui como punto preferente de inicio de la ruta, el Camiño pola Costa la mayoría de los peregrinos lo inician en Porto, A Guarda o Camiña. Si bien es cierto que el puerto guardés sería un fenomenal punto de partida, pero no quise quemar las naves de otra historia que me gustaría contaros, así que decidí buscar otro lugar emblemático para iniciar esta secuencia de historias. Santa María de Oia fue el lugar elegido.

La primera vez que visité este lugar fue hace 28 años, el motivo no fue otro que el futbolístico, recuerdo que fuimos a jugar contra el Oiense y tras acabar el partido nos fuimos a comer el bocadillo de rigor al descampado que hay delante de la entrada a la Iglesia y al Monasterio de Santa María. Tiempo después, mi primo y yo, fuimos en bicicleta desde Vigo hasta allí y volvimos extenuados después de sortear las corrientes de viento de la costa y un par de pinchazos.

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Panorámica del monasterio Real de Santa María de Oia

El Real Monasterio de Oia se encuentra en el antiguo trazado de la vía romana que unía A Guarda con Baiona (base del trazado del Camiño pola Costa) y es el único ejemplo de abadía de la orden del Císter pegada al mar. Desde 1931 es Bien de Interés Cultural, pero su estado actual no es bueno, se mantiene con pequeños arreglos. Es una pena que Juan Martínez (accionista de la propietaria del complejo- Vasco gallega), como me reconocía tomando un café hace unos años, no haya podido desarrollar su proyecto de restauración y conversión de las instalaciones en un Hotel-Talaso. Catorce años después de su compra todavía no tienen licencia, el Concello se ampara en déficit hídrico, pero la realidad es que no han movido un dedo para modificar las calificaciones urbanísticas. El resultado es que una empresa ha invertido su dinero y no puede hacer nada para recuperarlo, que el recurso turístico languidece y que los políticos permanecen impasibles.

Las primeras noticias que tenemos del cenobio datan del s. XII, cuando durante el reinado de Alfonso VII éste realiza diversas donaciones al monasterio, hasta que en el año 1149 les entrega todas las posesiones reales que la Corona tenía en los lugares de: Mougás, Viladesuso y Pedornes. En 1185 se adieren a la Orden del Císter y la fisionomía externa del monasterio cambia hacia la sobriedad propia del estilo cisterciense.

Los “monjes artilleros” de Oia se ganaron su fama por la defensa de la entrada de la Ría de Vigo, en 1624, hundieron cinco barcos piratas turcos, lo que les valió el reconocimiento de Felipe IV, así pudieron disfrutar de nuevos privilegios y de la obtención del título de “Real Imperial Monasterio de Santa María de Oia”.

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Curro de Mougás

Pero no solo en el arte de la guerra eran innovadores los moradores del cenobio. Frente a sus muros todavía quedan los restos de la pesquería que construyeron para que con las subidas y bajadas de la marea la tarea de la pesca les fuera más fácil. También fueron los introductores de la cría de caballos en libertad, actividad que todavía pervive en la comarca y que se puede disfrutar si asistimos a la celebración del curro de Mougás o si nos damos un paseo por la serra de A Groba. A nivel agricultura aportaron el sistema de roturación de las tierras para oxigenarlas y hacerlas más productivas, implantaron el cultivo francés de las viñas y abrieron caminos de comunicación por el contorno. 140 abades gobernaban el monasterio (1137-1835). Se han encontrado indicios de que en el monasterio existía una botica que daba servicio a los vecinos, se sospecha que los monjes poseeían un jardín de plantas medicinales con las que preparar dichas pócimas curativas.

En el s. XIX con la ocupación francesa y tras la posterior desamortización de Mendizábal vendría la época de decadencia que terminaría con la expulsión de los monjes en 1838. El cenobio será vendido a manos privadas y su iglesia será convertida en sede parroquial dependiente del Obispado de Tui tras la separación parroquial de la iglesia de Padornes. En ella se encuentra la Virgen del Mar, patrona de Oia, que fue encontrada por unos labradores en 1581 mientras realizaban sus labores en la zona de la Orilluda. La talla representa a una Virgen que porta con una cadena a un perro fue conducida hasta los monjes del monasterio que no dudaron en portala a hombros hasta la iglesia y colocarla en el altar. En las costas gallegas han aparecido numerosas imágenes de cristos y vírgenes, se han creado las más variopintas leyendas alrededor de ellas, lo más lógico es que estas tallas no sean fruto de milagros sinó más bien de hundimientos de barcos o de la revolución iconoclasta que se produjo en Gran Bretaña y que hizo que gran parte de su patrimonio imaginario fuese destruído, pero otra parte fue a parar al mar. Ya se sabe que las corrientes y las mareas son muy juguetonas…

A principios del s. XX los jesuitas expulsados de Portugal arriendan el cenobio e instalan allí un colegio que sería desalojado en 1932 tras ser expulsados de España y ser nacionalizados los bienes de la Compañía de Jesús por orden del Gobierno Republicano. Hasta que en el 36 se levantan los sublevados y el monasterio se convierte en cárcel franquista, siendo la mayoría de sus reclusos de la zona del levante (catalanes, valencianos y mayorquines) tal y como atestiguan las escrituras que dejaron en las paredes de sus celdas.

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Interior Iglesia del Monasterio

Del complejo podemos destacar su iglesia del s. XII, parca en ornamentación, con la austeridad propia del Císter. El coro de la iglesia y su sacristía datan del s. XVII. Su claustro se terminó en el último tercio del 1500. Por lo que respecta al espacio destinado a los abades se realizan diferentes reformas, incluso en el s. XVI se añaden nuevas dependencias como las obras de los maestros Pedro del Campo o Bartolomé Hermosa (claustro de las procesiones, sala capitular, sacristía o coro alto).  En el s. XVII la ornamentación tomará mayor protagonismo; así como la actividad escultórica, el mejor ejemplo de esto es el retablo mayor de la iglesia. Pero será en el s. XVIII (en 1740 se reconstruye la fachada) cuando el monasterio experimente un cambio estético mayor a nivel estructural, adquiriendo un aspecto neoclásico; se crea una nueva torre y se amplía el cenobio entorno a un nuevo patio, el de Los Naranjos. Pero lo que más me llama la atención de esta construcción es la existencia de un patio de armas comunicado por un pasadizo con la fachada y con el claustro del cenobio.

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Vista do Arrabal

Actualmente se realizan visitas guiadas al Monasterio y al barrio del Arrabal. Os recomiendo poneros en contacto con la Oficina de Turismo. El Arrabal es un pequeño nucleo situado frente al Monasterio  que conserva algunos edificios dignos de fotografiar, si seguimos el camino a la salida del pueblo en sentido A guarda nos encontraremos con la ermita de San Martiño (1770) que custodia la imagen de San Sebastián que anteriormente se encontraba en la capilla de A Portela. En la praza de A Centinela hay un interesante cruceiro del 1764 realizado en fina talla.

Después de una visita cultural e histórica toca dedicarnos a placeres más mundanos y a aprovisionar nuestro cuerpo de energía para empezar O Camiño. En las proximidades del monasterio tenemos dos opciones: Casa Henriqueta (sito en una casa de dos plantas, de construcción noble restaurada con una buena terraza en su parte trasera desde la que se ven el mar y las torres del monasterio. Destaca por su buena cocina de corte gallego tradicional, platos abundantes, manteniendo el respeto por la materia prima y a un precio moderado. Buen servicio, personal muy agradable) y Tapería a Camboa (una fantástica terraza sobre el puerto de Oia con unas vistas envidiables del mar y del monasterio, bueno de todo el pueblo. Tapas y cocina tradicional gallega a un precio asequible).

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Casa Puertas

Una vez saciado nuestro apetito, en el centro del pueblo tenemos una estupenda casa rural Casa Puertas donde podrás descansar disfrutando de unas instalaciones renovadas y limpias. La casa también cuenta con un encantador “salón de té” donde tomarse una tarta acompañada de infusiones y de una magnífica terraza sobre el mar que hará la delicia de los más pequeños.

 

Después de este intenso día toca descansar antes de inciar nuestro Camiño. Tras el “slow food” llega el “slow way”.

La ruta de la “fariña”

Ayer nuestros amigos de Galicia Máxica ponían a la venta su primer libro,  20 rutas para hacer en familia, “Galicia 20 rutas con niños”, por un módico precio de 15 € nos proponen las que a su juicio son las 20 mejores experiencias para vivir en familia dentro de  nuestra tierra.

Galicia Maxica

Hacer deporte, conocer lugares nuevos, disfrutar de la naturaleza y desconectar son algunas de las cosas que pretendemos hacer cuando decidimos realizar una ruta de senderismo o turística; en este caso, con esta novedosa propuesta, a parte de unir lugares, los caminos pueden servir para unir a las propias familias. Creo que como terapia familiar es muy recomendable hacer actividades de este tipo para fortalecer los vínculos afectivos y reforzar el sentimiento de pertenencia a la unidad familiar.

Por ello, aplaudo esta novedosa iniciativa y os deseo el mayor de los éxitos en vuestro empeño de dar a conocer Galicia, vuestra intención es la nuestra, por tanto desde hoy os acogemos en #meidingalicia.

Hablando de rutas… Hoy quiero acercaros a una de mis favoritas, la que yo coloquialmente llamo “La Ruta de la Fariña”. Tranquilos, nada tien que ver con el libro ni con la serie homónima que tan de moda se ha puesto en los últimos tiempos; no vamos a hablar de planeadoras, ni de la ría, ni de como escapar de la Guardia Civil. Aunque pueda parecer chiste fácil yo ya le llamaba así antes de que viese la luz tan controvertida Obra. Mi abuela paterna, que era agricultora, me llevaba con ella a “moer a fariña”, os juro que a día de hoy me cuesta mucho decir la palabra harina cuando hablo en Español.

Galicia, el país de los mil ríos. El país donde viven muchos pueblos ahogados por los embalses de Franco. Galicia, ese lugar donde existe una etnografía increíble que evidencia el importante peso del aprovechamiento de la fuerza del agua como fuente de energía.

Por toda nuestra geografía quedan vestigios de esta gran industria que  se desarrolló  en las proximidades de los ríos. Fueron los molinos los antecesores de las “fábricas de la luz” (como la de Caldas a la que hacíamos referencia en nuestro anterior post) y de las centrales hidroeléctricas.

Existen molinos de muchos tipos, con diferentes utilidades (molinos para productos agrícolas, aserraderos, cantería…) pero todos funcionan con unos mecanismos similares que les permitían convertir la energía cinética. Para los que crecimos en la aldea son lugares entrañables y que forman parte de nuestro imaginario y nostalgia.

molino bien (2)

La gente de los pueblos de Galicia llevaba sus cosechas de centeno, trigo y  maíz a moler a estos lugares para convertirlos en harina; había molinos que pertenecían a familias, otros que eran compartidos y algunos que eran propiedad de personas que tenían como oficio ser molineros. Mientras en el interior de estas construcciones se realizaba la faena las gentes aprovechaban para socializar, compartir viandas  o intimar con su pareja duranate lo que solían llamar “muiñadas nocturnas”; hay muchas canciones populares que hacen alusión a las situaciones que se daban allí.

Rutas donde los protagonistas son los molinos hay muchas: la de Samieira en Poio, la ruta da Pedra e da Auga que tan famosa hizo M. Rajoy, la de los molinos de Batán en Salcedo, la de Órdenes, la de Ría Barosa en Barro u otras de índole más gastronómica como ruta dos muiños de Reboreda.

Pero en mi modesta opinión hay una que sobresale sobre todas. La ruta dos Muiños do Folón e do Picón es una obra de ingenieria singular e irrepetible, el aprovechamiento de la orografía y el espacio llevadas a la máxima expresión, todo ello conjugado con una belleza natural que enamora en el primer impacto visual.

Molinos folon e pc

En el Concello de O Rosal se encuentra esta formación compuesta por 62 molinos de agua que escalan ambas laderas de la montaña, de ahí que los de un lado se denominen “muiños do Folón” y los del otro “muíños do Picón”. Comentaros que este espacio fue declarado Bien de Interés Cultural.

El punto más alto se encuentra a 227 metros sobre el nivel del mar, convirtiéndose en un verdadero mirador desde el que se puede contemplar: el Concello de O Rosal, el río Miño y Santa Tegra (A Guarda).

Los molinos son un ejemplo de arquitectura popular, pero en este caso podemos elevar el conjunto a la categoría de ingeniería popular. Su armonización con el espacio que lo rodea, el aprovechamiento del agua, un entorno cuidado y una vegetación que crece con la ayuda del microclima y las condiciones de la tierra que allí se dan, lo convierten en uno de los tesoros  de Galicia.

Caminar por las pendientes acompañado del sonido del agua correteando por los regatos, el sonido de: pájaros, grillos, ranas… Respirar ese aire puro en plena naturaleza y disfrutar de las vistas en 360º, son la mejor medicina para eliminar el estrés de nuestra vida diaria.

A pesar de ser una ruta escalonada, no entraña gran dificultad, en  sus 3 kilómetros de recorrido el tiempo se pasa volando; seguramente el entorno ayude a que la percepción sea más agradable, en mi opinión en este lugar se produce una perfecta integración entre una actividad  humana y el paisaje.

Existen documentos que recogen noticias de que en este lugar ya había actividad de molienda en el siglo XVII aunque el más antiguos que se conserva data del 1715.  Según tengo entendido es una de las mayores concentraciones de molinos de agua de toda Europa, hecho que lo dota de una mayor relevancia respecto al resto de las rutas que podemos encontrar en otros lugares.

Tanto si decides ir solo, como si decides hacerlo con amigos o con familia, como nos recomiendan desde Galicia Máxica, es un lugar que te sorprenderá muy gratamente porque no hay nada igual ni parecido.

Después de esta interesante ruta puedes reponer fuerzas en alguno de los muchos buenos restaurantes que hay por la zona, tanto si eliges A Guarda, Oia o Baiona tienes  una amplia oferta. Si me lo permitís os recomendaré algunos que conozco: tanto el Casa Henriqueta (Oia- Buena cocina en un lugar con encanto – Puedes aprovechar la visita para ver el único monasterio cisterciense pegado al mar), Porto dos Barcos o antes de llegar a Baiona el Restaurante del Talaso Atlántico- Faro- (de lujo las vistas y la cocina nunca defrauda); en Baiona se ha puesto muy de moda el Recuncho Mariñeiro del gran Pedro Villamarín, pero como todos sabéis, en Baiona hay multitud de restaurantes y buenos (Pazo de Mendoza, Casa Rita, Rizón, Rocamar, La Crep o los más asequibles El Corralito o la Micro Cervecería); si por el contrario decidís ir a A Guarda os recomiendo que visitéis el mítico Chupa Ovos, el Trasmallo, Casa Valladeiro, el Puerto Guardés o para los más exigentes el Bitadorna de Chus y Xavi siempre es una apuesta segura por la calidad.

Ya sabéis se acerca un fin de semana soleado, para los que no quieran pasar calor en la playa… La fariña es el futuro.