Chocolate!! chiculate!! … ummm!!

Con la colonización española de América llegaron a Europa nuevos productos, algunos como el maíz causaron una revolución en el campo gallego por su fácil adaptación al medio, otros se colaron en la gastronomía; pero ninguno de los productos traídos sufrió una implantación tan rápida y gozó de una demanda tan grande como el cacao, tanto que rápidamente se extendió por toda Europa.

Desde que Hernán Cortés lo enviase en el s. XVI junto con su receta de preparación sólo hizo falta un siglo para que los envíos de este manjar de dioses a España se estableciesen como una ruta frecuente desde el Puerto de Veracruz. A lo largo de los años el chocolate se erigió como la bebida bandera, frente a la tradición del té en Inglaterra en España proliferaba el consumo de chocolate y las chocolaterías. Después de la guerra civil la situación económica y la autarquía instalada hicieron que el café y la achicoria le ganasen el pulso en el consumo popular.

Lo que para los Aztecas era hasta moneda de cambio revolucionó los hábitos en Europa; aunque con un ligero matiz que fue clave en el éxito; si bien para los indígenas mejicanos el chocolate era un brebaje amargo preparado con guindilla y consumido por las élites, tras la incorporación de la caña de azúcar por parte de los españoles esta bebida se convirtió en dulce y se democratizó su consumo.

bombones lateral
Nuestros Bombones, Pecados de Licor Café, Albariño o Mora.

Mientras los piratas con patente de corso ingleses quemaban los granos de cacao que apresaban en sus escarceos marítimos sobre barcos españoles, en España prosperaban el número de artesanos que trabajaban el chocolate para abastecer las chocolaterías que desde el s. XVII empezaban a abrir sus puertas.

En el s. XVIII los hidalgos Galegos abandonan el campo para instalarse en nuevos Pazos construidos en las ciudades y pasan a vivir de las rentas que les generaban sus posesiones en el campo, en ese momento adquieren nuevos hábitos relacionados con el lujo y la apariencia, es aquí donde el chocolate cobra protagonismo al convertirse en la bebida de las élites nobles de Galicia.

Es también en este siglo cuando del artesanato chocolatero se pasa a construir en Europa las primeras instalaciones fabriles dedicadas a transformar esta materia prima. En Galicia la industrialización es tardía pero en cada villa o ciudad cobran importancia maestros chocolateros locales que en sus pequeños talleres elaboran el manjar con el que mojar el producto típico de cada lugar (bica, sobao, churro…).

Granos Cacao
Granos de cacao con los que se elaboran nuestros chocolates

Mientras unos usaban el metate para moler los granos, los otros incorporaban molinos, pero el crecimiento de la insustria chocolatera era imparable. Fueron los de las ciudades los que tomaron el relevo de los Jesuitas (al prohibirlo por considerarse pecado contra el voto de pobreza) en la elaboración del preparado; así como, la importancia de la llegada del cacao Venezolano al puerto de A Coruña tras romperse el monopolio de los puertos de Cádiz y Sevilla.  Pero hasta el siglo XIX no podemos hablar de fábricas de chocolate en Galicia, seguramente sería en Santiago donde ingenieros de Astorga construyen la primera maquinaria para abastecer los locales de reunión social. Llegando con el 1902 la creación de chocolates Raposo y la aparición de la tableta de chocolate de merienda para comer con pan.

Si en Santiago era Raposo, en Carballo era Mariño, en A Coruña la tradición cascarilleira y Chocolate Express, en Ourense Chaparro (1850 la más antigua de Galicia), en Carballiño la Carballinesa, los chocolates de Matías López de Lugo (el primer magnate del chocolate en España y el primero en hacer publicidad de este producto), en Alariz Anthony, en Vigo El Maragato (fundada por un maragato que se refugió en Vigo durante la Guerra Civil, su fábrica estaba en la Calle Lepanto) y Chocolates Viso- La Perfección.

Soy un adicto al chocolate que pasaba las tardes de invierno navegando por las tazas de chocolate de “La Taza de Oro”, el que se alimentaba después de entrenar con pan con chocolate y el que de mayor es incapaz de decir no a un bombón. Con estos antecedentes no podíamos empezar nuestro proyecto con otro producto.

En la búsqueda de recuperar los sabores de la infancia, a través de la tradición chocolatera gallega y del buen saber hacer de los maestros artesanos hemos creado nuestra selección de bombones, chocolates y turrones.

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Texturas de los Turrones de Chocolate que podrás comprar en nuesta Tienda (Almendras, Crujiente y Albariño) 

A parte de ser nutritivo, el chocolate, facilita la circulación sanguínea, protege el corazón, favorece el crecimiento de dientes y huesos, nos aporta energía, contribuye a la renovación celular, mejora la memoria al activar nuestro cerebro, combate el estrés, tiene propiedades foto protectoras frente al Sol, contribuye a la hidratación celular, sus antioxidantes luchan contra las arrugas y favorece a la generación de colágeno.

Compra chocalete hecho en Galicia.

 

Coa colonización española de América chegaron a Europa novos produtos, algúns como o millo causaron unha revolución no campo galego pola súa fácil adaptación ao medio, outros se coaron na gastronomía; pero ningún dos produtos traídos sufriu unha implantación tan rápida e gozou dunha demanda tan grande como o cacao, tanto que rapidamente se estendeu por toda Europa.

Desde que Hernán Cortés enviáseo no s. XVI xunto coa súa receita de preparación só fixo falta un século para que os envíos deste manxar de deuses a España establecésense como unha ruta frecuente desde o Porto de Veracruz. Ao longo dos anos o chocolate erixiuse como a bebida bandeira, fronte á tradición do té en Inglaterra en España proliferaba o consumo de chocolate e as chocolaterías. Despois da guerra civil a situación económica e a autarquía instalada fixeron que o café e a chicoria gañásenlle o pulso no consumo popular.

O que para os Aztecas era ata moeda de cambio revolucionou os hábitos en Europa; aínda que cun lixeiro matiz que foi clave no éxito; aínda que para os indíxenas mexicanos o chocolate era unha beberaxe amarga preparada con guindiña e consumido polas elites, tras a incorporación da cana de azucre por parte dos españois esta bebida converteuse en doce e democratizouse o seu consumo.

Mentres os piratas con patente de corso ingleses queimaban os grans de cacao que apresaban nas súas falcatruadas marítimas sobre barcos españois, en España prosperaban o número de artesáns que traballaban o chocolate para abastecer as chocolaterías que desde o s. XVII empezaban a abrir as súas portas.

No s. XVIII os fidalgos Galegos abandonan o campo para instalarse en novos Pazos construídos nas cidades e pasan a vivir das rendas que lles xeraban as súas posesións no campo, nese momento adquiren novos hábitos relacionados co luxo e a aparencia, é aquí onde o chocolate cobra protagonismo ao converterse na bebida das elites nobres de Galicia.

É tamén neste século cando do artesanado chocolateiro pásanse a construír en Europa as primeiras instalacións fabrís dedicadas a transformar esta materia prima. En Galicia a industrialización é tardía pero en cada vila ou cidade cobran importancia mestres chocolateiros locais que nos seus pequenos talleres elaboran o manxar co que mollar o produto típico de cada lugar ( bica, sobao, churro…).

Mentres uns usaban o metate para moer os grans, os outros incorporaban muíños, pero o crecemento da insustria chocolateira era imparable. Foron os das cidades os que tomaron a substitución dos Xesuítas (ao prohibilo por considerarse pecado contra o voto de pobreza) na elaboración do preparado; así como, a importancia da chegada do cacao Venezolano ao porto da Coruña tras romper o monopolio dos portos de Cádiz e Sevilla.  Pero ata o século XIX non podemos falar de fábricas de chocolate en Galicia, seguramente sería en Santiago onde enxeñeiros de Astorga constrúen a primeira maquinaria para abastecer os locais de reunión social. Chegando co 1902 a creación de chocolates Raposo e a aparición da tableta de chocolate de merenda para comer con pan.

Se en Santiago era Raposo, en Carballo era Mariño, na Coruña a tradición cascarilleira e Chocolate Express, en Ourense Chaparro (1850 a máis antiga de Galicia), en Carballiño a Carballiñesa, os chocolates de Matías López de Lugo (o primeiro magnate do chocolate en España e o primeiro en facer publicidade deste produto), en Alariz Anthony, en Vigo O Maragato (fundada por un maragato que se refuxiou en Vigo durante a Guerra Civil, a súa fábrica estaba na Rúa Lepanto) e Chocolates Viso- La Perfección.

Son un adicto ao chocolate que pasaba as tardes de inverno navegando polas cuncas de chocolate de “A Cunca de Ouro”, o que se alimentaba despois de adestrar con pan con chocolate e o que de maior é incapaz de dicir non a un bombón. Con estes antecedentes non podiamos empezar o noso proxecto con outro produto.

Na procura de recuperar os sabores da infancia, a través da tradición chocolateira galega e do bo saber facer dos mestres artesáns habemos creado a nosa selección de bombóns, chocolates e turróns.

A parte de ser nutritivo, o chocolate, facilita a circulación sanguínea, protexe o corazón, favorece o crecemento de dentes e ósos, achéganos enerxía, contribúe á renovación celular, mellora a memoria ao activar o noso cerebro, combate a tensión, ten propiedades foto protectoras fronte ao Sol, contribúe á hidratación celular, os seus antioxidantes loitan contra engúrralas e favorece á xeración de coláxeno. 

Merca chocolate feito en Galicia.

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Turrón de Albariño

 

 

 

 

 

Pan si, pero Pan Galego.

Hoy en el “Día Mundial del Pan” quiero rendirle un pequeño homenaje al de nuestra tierra. He degustado muchos y muy diferentes panes a lo largo de mi vida, de mis viajes; algunas veces con el simple objetivo de saciar mi curiosidad, pero siempe con el pecado de comparar éstos con los sabores que un servidor tiene impresos en sus papilas gustativas desde niño.

No voy a descubrirle a nadie la fama que el Pan Galego, ahora convertido en Denominación Geográfica Protegida, tiene en todo el mundo, eso es un hecho objetivo. La calidad de nuestro pan se debe a muchos factores, entre ellos quiero destacar algunos que hacen que podamos decir que posiblemente tengamos el mejor del mundo.

Como ya había apuntado en otro post en Galicia desde  la antigüedad hemos aporvechado la energía de los ríos, del viento y  las mareas para crear una microindustria de la molienda. “Os muiños” forman parte del patrimonio industrial, cultural, etnógráfico y paisajístico; ellos hicieron posible desarrollar en gran medida la industria del pan en nuestra tierra. Las “fariñas” molidas en piedra tienen mayor sabor, el Muiño de Cuíña en Lalín es un lugar donde puedes encontrar  estas harinas.

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Muiños de Ría Barosa en Barro

La variedad de los cereales cultivados en Galicia también contribuye a la calidad de nuestros panes. El uso de “fariñas” de cereales atóctonos (el trigo, el centeno y el maíz) es un elemento fundamental: la materia prima. Llegando a identificarse hasta 83 variedades de trigo y 53 de centeno autóctonos recogidos en 44 Concellos Galegos.

Esta “fariña galega” resultante, principalmente de trigo y centeno, son harinas de gran fuerza, mediente amasados y fermentaciones de larga duración  se crean masas lentas de alta calidad (masas madre natural).

La humedad en el ambiente y la alta hidratación, al añadirse mucha agua durante el amasado (cerca del 85%), le dan a la miga una ligereza y esponjosidad agradable (alveolado pronunciado e irregular) a la vista y al gusto, texturas diferenciadoras de otros panes no propios del noroeste.

La tradición panera en Galicia responde a los gustos de la población, aquí nos gusta el pan más hecho que en otras zonas como Castilla o Levante, por ello nuestras cortezas (codias), como las de Zamora, son más tostadas, gozan de un sabor más potente y consistente.

Son su profundo sabor y  el punto de acidez en boca, acompañado de un intenso aroma, los que encumbran al pan Galego en la Champions League de los panes.

El pan es un elemento clave en la gastronomía gallega tanto en la tradicional, de acompañamiento para guisos y salsas,  como en la nueva cocina que ha recuperado variedades y calidades para elaborar espectaculares cestas que maridan en sus complejos menús degustación. En las fiestas populares, esas de feria y campo, el pan sustituía al plato para que los romeros pudiesen comer: sardinas, pulpo y hasta churrasco. Incluso en la gastronomía funeraria juega un papel protagonista, ya que como sabéis, era típico en muchos pueblos de Galicia rendir homenaje a los muertos con una cuchipanda “post mortem” donde entre las muchas viandas no podía faltar el pan, llegando incluso a abrir las panaderías especialmente para este fin en su día de descanso.

De las diferentes presentaciones de pan que hay la Denominación Geográfica recoge cuatro tipos: la hogaza (bolo), la torta (bola), la barra y la rosca (en forma de aro). Existen otras presetaciones mantenidas desde tiempos remotos por los panaderos de los diferentes pueblos, villas y ciudades de Galicia, pero permitidme que no me detenga en ellas; lo que si quiero es hacer un pequeño recordatorio a aquellos lugares donde, a lo largo de mi vida gastronómica, tuve la oportunidad de probar sus panes, unas veces con peces, otras con carne, pero siempre con vino.

“Bola do Porriño”: hogaza de corteza rasgada suavemente con harina espolvoreada, miga esponjosa y color oscuro.

“Bola de Santiago”: tortas de trigo centeno de color oscuro y con harina espolvoreada por su corteza rugosa.

“Mollete de Santiago”:  hogaza de corteza abombada, crujiente, dulce con un moño muy pronunciado, su miga oscura y esponjosa denota toques de acidez.

“Moña do Barco”: hogaza de corteza abombada y crujiente coronada por un moño, de miga esponjosa y oscura.

“Pan de Cea”: tanto si es en “poia” o en “mollete” es un pan indescriptible por si solo, lo conocerás por su corte característico en el centro de la corteza, el mejor acompañamiento posible para el pulpo.

“Pan de Carral”: con forma de moño, es uno de los más conocidos de Galicia más allá del “telón del grelo”, 20 panaderías mantienen vivo el proceso tradicional de su elaboración, os recomiendo ir a su fiesta en el mes de Mayo.

“Pan de Carballo”: elaborado con harinas de la zona, molidas en molinos de piedra situados en el curso del río Anllóns, presenta diferentes formas (a mí me gusta en barra), su fiesta homenaje es en Julio.

“Pan de Neda”: desde la edad media se elabora este manjar, que tiene un intenso sabor, se puede comer recién salido del horno o dejarlo madurar un día para que su miga coja consistencia.

“A Broa da Miña Avóa”: hecha fundamentalmente con harina de maíz, acompañada de centeno y trigo en perfecta aleación; cocida en el viejo horno que se trasladó desde la casa original, coción lenta a leña. Corteza dura y aromática, miga compacta pero fácil de deshacer, aroma a infancia. Con huevos fritos esmagado es un manjar.

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Pan de Cea

El pan es más que un arte, algo más que tradición, es una religión en nuestra tierra. No es casualidad que tengamos el honor de tener el primer pan con Denominación Geográfica Protegida: el Pan de Cea. En las manos de los maestros panaderos que transmiten su saber de generación en generación, entre las paredes de los obradores, reside la magia y la fuerza para continuar con este gran trabajo diario que permite que nuestros platos nunca se queden huérfanos.

El olor a pan ha dejado impresiones imborrables en mi memoria; cada vez que huelo pan de maíz me ataca el recuerdo de aquellas noches de San Xoan, alrededor de una “fogueira-charela”, mi abuelo tocando la gaita, con la parrilla bien surtida de las sardinas que mojaban el “pan de millo” de mi abuela.

 

Mojito de Café “Feito en Galicia”

Me declaro caminante herrante, de esos que se dejan llevar, de los que se pierden por las carreteras secundarias porque saben que siempre encontraran algo que vale al pena.

Estaba googleando en mi ordenador: “Made in Galicia”, “Hecho en Galicia” y “Feito en Galicia”; fue entonces cuando descubrí que había una empresa que fabricaba café y chocolate cerca de mi casa. Me puse a indagar sobre el Grupo Donoso y empecé a comprobar que ya era consumidor de algunos de sus productos. Como buen curioso decidí ponerme en contacto con ellos para ver si era posible visitarlos.

Tras la confirmación de la visita tomé mi coche y puse rumbo a Salvaterra, concretamente a Arantei. Había pasado muchas veces por la puerta de su fábrica pero como no tienen cartel no sabía que estaban allí. Tras preguntar a un par de vecinos al fin encontré la nave.

Lo que no sabía yo era lo que me esperaba detrás del portal. Allí estaba Joaquín, el gerente, una de esas personas peculiares que no pasan inadvertidas; tanto por su “humor retranqueiro” como por sus conocimientos infinitos y por la pasión que le pone a su trabajo.

Después de hablar de cada uno de los productos que fabrican y discutir un poco sobre comercialidad me enseña su fábrica 2 en 1 (chocolate y café) donde toda la maquinaria está dispuesta para conseguir la mayor productividad en el menor espacio posible. Realizando todos los procesos productivos desde la recepción del grano en la misma planta lo que les premite hablar de café y chocolate “feitos en Galicia”.

Tengo que confesaros que en el poco tiempo que estuve allí aprendí más cosas sobre el café que en toda mi vida. Desde el los diferentes granos utilizados en su mezcla, pasando por el proceso del tueste hasta el empaquetado y como no, de la cata del producto.

Terminada la visita, Joaquín, me lleva a la sala de formación-catas donde conozco  a su hermano que se encarga de la parte comercial de la empresa y a Sebas, el barista. Me sorprendió mucho su preocupación y dedicación en el apartado de la formación a los profesionales de hostelería que luego servirán sus productos en los diferentes establecimientos que regentan.

Por lo que pude ver esta gente es pionera en muchas cosas, no solo en la formación, sino que presumen de ser los únicos que realizan “show cofees”. Ya que presumían de ello les pedí que me hiciesen una pequeña demostración a lo que accedieron amablemente; la unión de un producto excepcional (café Donoso) y la creatividad de un gran profesional (Sebas) consiguieron sorprenderme aquel día.

Cuando a uno le dicen que va a una cata de café no se espera que la cata gire entorno a diferentes cócteles realizados con el café como protagonista, yo me esperaba lo de siempre, y esas tres preparaciones me desarmaron. Una mezcla de café con tónica, un mojito de café y un café filtrado dejaron en mi paladar buenas impresiones y mejores recuerdos.

Os dejo la receta del mojito de café y algunas fotos de la preparación.

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Receta mojito